¿Promesa de qué?

Una versión abreviada de esta columna fue publicada recientemente en la sección “Voces” de El Nuevo Día (versión impresa).  Al momento de publicar esta entrada (6 de julio), son 17 las mujeres asesinadas por sus parejas o ex-parejas en lo que va del año, una menos que el total asesinadas durante el año pasado.

En las últimas semanas, los medios de comunicación masiva han informado sobre una verdadera explosión en la ya epidémica racha de violencia machista en este país. Ante el macabro panorama, el gobierno ha decidido convertir su silencio cómplice en aguaje expiatorio, poniendo (¡al fin!) en acción su tan esperada campaña contra la violencia “doméstica”, Promesa de Hombre. Doce mujeres tuvieron que morir (en lo que va de año), pero de ahora en adelante, todo convicto por violación de la Ley 54 tendrá que enfrentar nada más y nada menos que… un taller sobre valores hombrunos diseñado por la hoy desmantelada Procuraduría “de Todos y Todas” (otrora de las Mujeres).

Aparentemente, su desempeño durante la huelga de la UPR no fue suficiente para un gobierno empeñado en retar una y otra vez los límites del cinismo, la mediocridad y la desfachatez. La susodicha campañita, inspirada en el modelo más retrógrado del fundamentalismo machista estadounidense, los notorios Promise Keepers, no sólo no hará absolutamente nada para impedir que mueran las 12 mujeres adicionales a las que estadísticamente les tocará este año (¿tu madre, tu hermana, tu amiga, tu vecina, tu compañera de trabajo?). La Promesa de Hombre (¿valdrá más que la promesa de mujer?), predicada en la mentira oscurantista de que hay valores intrínsecamente masculinos de proteger, dirigir y proveer para la familia (la que no es “torcida” por supuesto), seguramente empeorará la situación, pues son precisamente estos mismos valores los que los asesinos machistas invocan para justificar sus acciones en el instante en que la mujer demuestre el más mínimo indicio de voluntad propia que pudiera amenazar la solidez de estos.

Señor Gobernador: si de verdad quiere hacer algo contra la violencia machista, devuélvale los fondos saqueados a la Produraduría de las Mujeres, destituya a Yvonne Feliciano, entable un diálogo franco y abierto con los sectores que realmente velan por los intereses de las víctimas de las violencia y distánciese de los psico-terroristas que desean imponerle al resto del país su visión de mundo en el cual la mujer no es más que una costilla, posesión del hombre protector y proveedor.

Y de paso, derogue la Ley 7, que ha dejado en la calle a miles de madres y padres de todo tipo de familia, exacerbando conflictos intrafamilares preexistentes y, sobre todo, el desempoderamiento de las mujeres trabajadoras frente a sus potenciales agresores.

De lo contrario, mejor guárdese sus promesas vacías.

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