Distorsión

Nahomi Galindo Malavé

Publicada en la sección Voces, de el Nuevo Día, 6 de octubre de 2010 (versión impresa).

En estos días leí sobre el siniestro caso de la pareja que sometía a la esclavitud sexual a sus hijos. Les obligaban tener orgías, a tener sexo entre hermanos y hermanas, y recientemente se reveló que, además, a tener sexo con otras personas.Se estima que fueron entre diez y quince personas que no eran miembros de la familia. Incesto y esclavitud sexual impuesta por padres heterosexuales.

¿Todavía pensará Evelyn Vázquez que la trivial ley del Día del Buen Trato es necesaria? ¿En serio cree que con eso transformará los problemas sociales crasos que enfrenta nuestro país?¿Todavía pensarán el gobernador Luis Fortuño y el Presidente del Senado Thomas Rivera Schatz  que su campaña “Promesa de Hombre” es efectiva contra la violencia intrafamiliar? La respuesta es evidente, aunque no deje de espantar.

Esta noticia surge en medio de un panorama social alarmante. El año pasado fueron asesinadas dieciocho mujeres por violencia de género. Preocupa que este año no ha terminado aún, y ya van diecinueve mujeres asesinadas por violencia machista, a manos de sus parejas o ex parejas, y una de ellas hasta por encargo. Por otro lado, han sido asesinadas diez personas de las diversidades sexuales. Ni uno sólo ha sido catalogado como crimen de odio.

Ante todo este panorama, los fundamentalistas de nuestro país se han dedicado a distorsionar la realidad social. Arremetieron contra la carta circular de la perspectiva de género en las escuelas públicas, que perseguía educar para la paz y la equidad. Se oponen a la adopción por parejas del mismo sexo. Han saboteado la revisión del Código Civil y las medidas de avanzada, como las uniones de hecho. Ante todo, repiten como un disco rayado que esas cosas atentan contra los “valores morales” de la familia, y que ellos están “defendiendo” esos valores.

En sus discursos de odio, misoginia y homofobia proclaman que tales adelantos promoverían la homosexualidad y la pedofilia. Estas distorsiones quedan evidenciadas cuando no les escuchamos hacer los mismos reclamos, al tratarse de personas o parejas heterosexuales – como la pareja que obligó a sus hijos a realizar orgías – quienes atentan contra el bienestar físico y psicológico de sus propios hijos.

Todo esto revela lo que muchas personas ya sabemos: que la pederastia y otras formas terribles de agresión sexual, nunca han tenido nada que ver con la orientación sexual de las personas. Tampoco con la perspectiva de género.

Sin embargo, los fundamentalistas, en vez de educarse, de escuchar, de entender la importancia del Estado Laico y promover la paz, prefieren seguir sacándole provecho al pánico moral que ellos siembran, seguir lucrándose con los diezmos para auspiciar políticos corruptos y seguir tratando de distorsionar la realidad.

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