Elecciones 2012: Organizar la rabia, politizar la abstención

Nunca he sido defensor particularmente entusiasta de la abstención electoral en Puerto Rico.  En los últimos dos comicios consecutivos – 2004 y 2008 – argumenté que la izquierda puertorriqueña debía apoyar al Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), como cuestión principalmente táctica.

Táctica, porque la propia evolución política post-Vieques del independentismo y del espectro político en general prácticamente garantizaban la necesidad del PIP de cortejar a la izquierda y a los movimientos sociales, lo cual se vio reflejado en su apoyo consistente a las más militantes luchas comunitarias, obreras, estudiantiles – incluso las luchas a favor de la diversidad sexual.  Todo esto venía siendo un nuevo giro con respecto al rumbo que había tomado el partido, y el independentismo en general, en los ’80 y principios de los ’90.  Este acercamiento del PIP hacia la izquierda a su vez creaba la posibilidad de proyectar los reclamos más radicales más allá de los confines de la izquierda y el independentismo tradicional, en el debate público.

No obstante, a pesar de la interpretación errónea de muchos, el panorama a un año de las elecciones del 2012 no es uno propicio para adelantar reclamos radicales mediante la política electoral.  Más bien, como argumenta en un artículo reciente Hugo Delgado Martí, del Movimiento Socialista de Trabajadores (MST), el momento es de “politizar la abstención.”

Sin duda, gran parte de la izquierda y del público educado de clase media que sigue los programas de “análisis” político evidentemente comparte la opinión de que, por el contrario, la gran impopularidad del actual gobierno, combinado con el hastío general hacia ambos partidos gobernantes y el surgimiento de al menos dos nuevos partidos (el MUS y el PPT, en adición al PPR que se estrenó en el 2008), hacen de este precisamente el momento propicio para la participación electoral de la izquierda.  Se equivocan.

En primer lugar, como bien entiende el gobernante Partido Nuevo Progresista (PNP), de “derecha”, la proliferación de partidos de “izquierda” solo le puede beneficiar, pues sobre todo en un clima de cinismo, apatía y apoliticismo generalizado, estos partidos le restarán votos a su contrincante de “centro”, el Partido Popular Democrático (PPD).  Los votantes desilusionados de derecha no votan por partidos de izquierda, votan por el centro o se quedan en su casa, por lo cual cuatro partidos a la “izquierda” representan un bienvenido contrapeso a los votos que pueda recuperar en esta contienda el PPD.  No en balde la legislatura PNP enmendó la ley electoral para facilitarle el camino al MUS, PPT y PPR.

Otro sería el cantar si existiera un proceso de lucha masivo del cual hubiese surgido orgánicamente un liderato y la decisión de llevar la lucha al ruedo electoral, que por su masividad misma representara una amenaza real a los sectores dominantes.  No es el caso.

El Movimiento Unión Soberanista (MUS) y el Partido Puertorriqueños por Puerto Rico (PPR) no merecen demasiada atención de parte de quienes aspiramos a una verdadera transformación política, económica y social en Puerto Rico.

El primero no es más que un vehículo para la frustración y las aspiraciones personales de aquellos sectores del independentismo que hace mucho tiempo apoyan al PPD y buscan reemplazar la noción misma de la independencia con una indefinida “soberanía”, sin retar en lo absoluto la distribución desigual del poder y la riqueza en nuestra sociedad.  No es de extrañar que, de inscribirse, lleguen a las elecciones sin candidato a gobernador, so pretexto de promover la “política local” (cuando realmente lo que desean evitar a toda costa es afectar las posibilidades de triunfo del PPD).  Con la salida de Ágel Collado Schwartz, este junte de empresarios y politiqueros perdió su poca legitimidad intelectual, y con ella cualquier pretensión de ser otra cosa que una triste farsa, por más votos que finalmente logren juntar.

Del PPR, pese a la simpatía de su candidato del 2008, no queda por decir gran cosa que no se haya dicho durante aquella contienda.  No importa cuantas veces vuelvan a quedar inscritos, ni cuantos votos más que el PIP saquen, pasarán por la hisotria política de estos años sin pena ni gloria, con el mismo peso de las posturas que consistentemente se han negado a asumir.

En el caso del Partido del Pueblo Trabajador (PPT), el Movimiento Al Socialismo (MAS) ha puesto todo su esfuerzo en apoyarlo.  El breve análisis que hace la Comisión Política del MAS sobre la participación electoral como asunto primordialmente táctico y coyuntural no difiere de la apreciación que hace Hugo Delgado en su escrito.  Donde se distancian, y este autor se siente más identificado con los planteamientos de Delgado y el MST, es en las conclusiones que se sacan acerca de la coyuntura actual.

Bajo el encabezamiento “Es necesaria la unidad”, el MAS plantea que apoya al PPT porque “Este es un partido que aspira a unir a los diversos sectores del pueblo trabajador, no importa sus preferencias de estatus político. Estadistas, estadolibristas, soberanistas e independentistas, todos y todas tienen cabida en el PPT, con la única condición de que compartan y apoyen los intereses y reivindicaciones del pueblo trabajador.”  Ciertamente es una actitud nóvel para la izquierda boricua, y una que no deja de resultar simpática a primera vista. No obstante, cabe preguntar, si el no asumir posiciones con respecto al status es un elemento tan central de la identidad misma del partido, como resolverán el asunto cuando inevitablemente surja.

Ejemplos hay por demás en la historia de las luchas sindicales y comunitarias de proyectos militantes y combativos donde coexistían bases e incluso líderes de diferentes colores políticos. Sin embargo, hay que notar, 1) que en esos casos el asunto del status ha sido uno relativamente lejano, al no tratarse de partidos electorales nacionales; y 2) que en los casos exitosos o duraderos, esas diferentes opiniones han estado aglutinadas por una convicción común de lucha y compromiso. En el caso del PPT, probablemente sea conveniente que definan un poco más lo que significa “compartir y apoyar los intereses y reivindicaciones del pueblo trabajador,” si es que aspiran a que el proyecto dure más allá del 2012.

En realidad, el borrador de programa del PPT no dista mucho de lo que viene siendo el programa del PIP desde hace ya varios ciclos electorales (menos la independencia, por supuesto), que es el límite de lo que podría lograr parcialmente un partido electoral “de izquierda” en Puerto Rico, asumiendo la buena fé y el compromiso de sus líderes, antes de comenzar a provocar sabotajes, boicots y violencia de parte de la burguesía criolla (por no entrar a discutir las posibles reacciones imperiales). Este punto, entre otros, lo aborda Delgado en su escrito, explicando la necesidad de que haya un movimiento popular dispuesto y preparado para defender, con la vida de ser necesario, cualquier logro que se pueda adelantar mediante las urnas.

Si entendiendo todo esto, los compañeros de todas formas entienden que el camino electoral es tácticamente correcto para darle amplitud y proyección a ciertas ideas y reclamos, entonces cabría preguntarnos donde están esas ideas y reclamos. Si solo se trata de promover “un Puerto Rico justo, democrático, solidario y sostenible,” el PIP ya hacía muy buen trabajo (y además, sin miedo a la independencia).

Lo cierto es que Delgado y el MST tienen razón en su diagnóstico de que en la coyuntura del 2012, la mejor caja de resonancia para las ideas socialistas, radicales o de izquierda lo será el 37% de los puertorriqueñ@s mayores de 18 años que no votó en el 2008 (tendencia creciente que con toda certeza se mantendrá), y no el puñado de votos que los “nuevos” partidos puedan rascarle al PPD y entre sí.

Por supuesto, que meramente ignorar el ciclo eleccionario y todas las oportunidades políticas que este ofrece más allá de las urnas, no es una opción. Pero el momento no es de entusiasmo y fervor del cual pudiese nutrirse un verdadero partido “del pueblo trabajador”. Toda la rabia e ira popular que sin duda ha sembrado el gobierno neoliberal a ultranza de Luis Fortuño todavía yace inerte bajo la escarcha de la apatía, el cinismo y el apoliticismo generalizado.

Por eso, una campaña organizada, nacional y sistemática, como la que propone Delgado, con tiempo y recursos, tiene la posibilidad real de imprimirle una voz radical a ese sector mayoritario y creciente del electorado que no votará. Bien hecho, esto a su vez no solo ayuda a proyectar las ideas y reclamos que se pretenden defender, sino que también ayuda a construir conciencia entre los abstenidos de que son parte de un colectivo descontento y desempoderado.

Ciertamente, todas las campañas de abstención que han habido hasta ahora han tenido un impacto nulo, pero la realidad es que con contadas excepciones, ninguna de ellas ha contado con el nivel de participación organizada necesario y para la cual sí hay capacidad en la actualidad.

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