Sobre las elecciones en Grecia

Foto: Kasamaproject.org

En la dictadura de la burguesía (que algunos llaman “democracia representativa”), las elecciones son un mecanismo de contabilidad.  Los inversionistas políticos distribuyen su capital (literal y simbólico) entre las maquinarias electorales y propagandísticas (a menudo apostando por dos o más aspiantes), y la mercancía que mejor se venda entre los consumidores (el otrora “Pueblo”) administrará determinado territorio durante un plazo de tiempo acordado.

Si en algún momento y en algunos lugares existió alguna semblanza de diversidad entre los modelos a escoger en dicho mercado, el neoliberalismo cual proyecto político ha determinado que solo los administradores pueden ser cambiados, y no las reglas que los rigen.  El sistema ha de administrarse según los dictámenes de expertos tecnócratas, garantizando la apropiación del trabajo colectivo por el capital.  En todo caso, solo la rapidez e intensidad del despojo, nunca su existencia, pueden negociarse en situaciones extremas.

Con tales coordenadas, es raro que el mecanismo logre reflejar lo que se solía llamar “democracia” – la genuina expresión de un sujeto “popular” (después de todo, no es para eso que fue diseñado y que se ha invertido tanto dinero en él). No obstante, como mecanismo de medición al fin, no es inaudito que registre también las anomalías.  Un seismómetro graba las vibraciones “normales” de la corteza terrestre la mayoría del tiempo, pero también los terremotos.

Uno de tales terremotos fue registrado ayer en Grecia.  La reacción inicial de los grandes medios corporativos internacionales fue de esperarse: opacar el significado de los resultados junto a la banal elección del candidato “Socialista” en Francia, país de mucho mayor interés para el capital europeo e internacional.  Poco a poco, sin embargo, el pánico comenzó a hacerse palpable, tanto en los mercados como en las columnas de opinión.  Empezaron a volar los presagios de “guerra civil” y las comparaciones con la Alemania Weimar.

Lo sucedido, aunque complejo, se puede resumir con facilidad: el colapso de los dos partidos neoliberales – Nueva Democracia (ND, de “derecha”) y PASOK (“Socialista”).  Ambos ND y PASOK apoyan sin reparos el plan de “austeridad” impuesto por lo que los griegos llaman la “troika” (el FMI; la Unión Europea liderada por Alemania y Francia; y el Banco Central Europeo).  Sin embargo, la gran mayoría de los griegos, particularmente los pobres y trabajadores que se han visto devastados durante los últimos dos años, y sobre quienes el plan de la troika pone todo el peso de la austeridad como condición del “rescate”, se oponen al plan.

ND fue el partido que obtuvo el porcentaje más alto de la votación (18.8%), pero muy por debajo de lo habitual y de lo esperado.  PASOK fue el gran perdedor, llegando en tercer lugar con un mero 13.18%.

A su vez, la extrema derecha aprovechó la situación de crisis con un auge predecible.  Griegos Independientes (GI), una escisión nacionalista de ND que rechaza el plan de austeridad, alcanzó el 10.6% de los votos.  Y aún más preocupante, el partido neo-nazi, Amanecer Dorado (AD), obtuvo un 6.97%.

Pero el verdadero significado de la elección, que tiene atónito y espantado a todo el establishment capitalista europeo, está a la izquierda – la “extrema” izquierda.  La Coalición de la Izquierda Radical (Syriza) más que triplicó su resultado porcentual del 2009 (cuadruplicó el número de votos), alcanzando el  16.77%, mientras que el Partido Comunista tradicional (KKE) e Izquierda Democrática (una escición más “moderada” de Syriza) obtuvieron 8.48 y 6.1%, respectivamente.

El 20% restante está repartido entre partidos que no alcanzaron el 3% requerido para entrar al Parlamento.

Esta división del sistema parlamentarista griego refleja una situación clásica de pre-polarización, con un voto acumulado del 31.98% para el “centro” neoliberal, 31.35% para la izquierda anti-austeridad y 17.57% para la derecha nacionalista (que también se opone al plan de austeridad).  Según la situación se polarice, es probable que el “centro” se vacíe, llevando a un balance numérico entre los “extremos” que puede traducirse en un tranque insalvable.

Ya de por sí es casi seguro que habrá nuevas elecciones en junio, ya que la ley griega lo manda si cada uno de los primeros tres finalistas no es capaz de formar un gobierno de coalición, con el aval de la mitad mas uno de los 300 miembros del parlamento, dentro de un límite de tiempo (cada uno tiene tres días, en sucesión).  ND no lo logró, siquiera con los 50 escaños que el sistema le  regala al “ganador”.  Syriza probablemente no lo logrará (aunque lo podría hacer con el apoyo de GI y parlamentarios desertores del PASOK), gracias a la negativa del PKK, que parece empeñado en mantener su aislamiento.

Esto, junto a la presencia parlamentaria de un partido fascista que abiertamente utiliza símbolos y referencias al nazismo, y unas fuerzas armadas grandes y con historia de intervención política (y dictadura militar), es lo que conduce a las comparaciones con la Alemania Weimar, entre varios paralelos posibles (Chile en 1970, por ejemplo).

Sin embargo, en el caso griego hay que señalar algunas particularidades importantes.

En primer lugar, hay que recordar que de todos los partidos que acudieron a las elecciones, solo ND y PASOK apoyan el plan de austeridad de la troika. A su vez, el alto porcentaje de abstención (34.9% de los inscritos) refleja la frustración y desencanto de la población con el sistema político y los partidos tradicionales, por lo que es poco probable que en dicho sector se encuentren muchos votos rezagados pro-austeridad.

En segundo lugar, casi la totalidad de los pequeños partidos que no entraron al Parlamento y que juntos suman casi el 20%  son ecologistas y de izquierda.  Por lo tanto, aunque no pueden ayudar a Syriza con los 99 votos que le faltan en el Parlamento (de los 151 necesario), ello significa que el escenario de pre-polarización “clásica” que discutí anteriormente mide insuficientemente el panorama político.

En resumidas cuentas, cerca del 65% del electorado griego (por dar una cifra conservadora) rechaza la austeridad de plano. Tal rechazo es el hilo principal de la madeja política real del país (más allá del teatro electoral), y se ha manifestado durante los últimos dos años en un masivo y militante movimiento popular de resistencia del cual el resultado inesperado de Syriza (apenas un día antes de las elecciones, un reportero del New York Times daba por sentado que este llegaría en tercer lugar) es el genuino reflejo.

El casi 7% acumulado por AD, si bien es de cuidado, no “dice” nada nuevo, sino que más bien refleja el muy predecible impulso europeo y primer mundista de achacar la culpa de las crisis a las y los inmigrantes, alimentado en este caso por la cercanía al objeto del odio paranóico islamófobo representado por la vecina Turquía.

Fig. 1 – Apoyo a los partidos griegos en sondeos de opinión, comparados con las elecciones legislativas del 2009 y 2012.

Hay que añadir que aunque el crecimiento repentino del 1800% en el número de votos de AD, desde el 2009, parece impresionante frente al 400% de Syriza, tampoco sale de la nada: corresponde casi exactmente al desplome de LAOS, un partido de extrema derecha que apoya el plan de austeridad (ver Fig. 1 – las siglas “XA” representan a AD).  En este sentido, aunque el fascismo se ha beneficiado de la crisis (y puede seguir haciéndolo), sus posibilidades de crecer dependerán de su habilidad para desplazar la “culpa” de la crisis desde el capital internacional hacia los inmigrantes – e inversamente, de la capacidad de la izquierda de mantener y agudizar tanto su presencia en la calle, como su enfoque en el capitalismo como causante.

En términos prácticos, todo esto significa que aún si Syriza no logra asegurar en tres días 151 votos en el Parlamento, en las nuevas elecciones será el único actor político con miras a crecer aún más, nutriéndose de los votos de algunos de los abstenidos en la primera ronda, de los desertores del PASOK que sin duda están prestos a abandonar el barco poximamente y de militantes de otros grupos de izquierda que lo verán como “voto útil” a pesar de la resistencia de sus dirigentes.

No hay que olvidar que a pesar de su liderato y orientación neoliberal, PASOK es un partido europeo socialdemócrata tradicional, con base obrera.  Ya de por sí el resultado de la elección tiene a los tecnócratas de toda Europa cambiando de marchas, considerando si el estímulo keynesiano no será mejor estrategia para salvar el capitalismo que la austeridad neoliberal.  Aturdidos, muchos parlamentarios de PASOK podrían montarse en el carro de Syriza como última opción para salvar cara (y votos futuros).

Ciertamente, no estamos presenciando en Grecia el derrumbamiento del capitalismo mundial, pero sí el resquebrajamiento (similar a lo sucedido en la América Latina durante la década enterior) de uno de sus pilares centrales en épocas recientes, lo que podríamos llamar el “Consenso de Bruselas”.  Habrá que ver en que dirección el viento soplará a Monsieur Hollande, pero la derrota de Sarkozy en Francia ciertamente hace más interesante la situación en el sur del continente europeo.

De repente resulta más plausible un escenario en que Angela Merkel y sus sicarios financieros se queden aislados, mientras las fuerzas anticapitalistas europeas – equivalentes o incluso más radicales que Syriza – cosechan los frutos de la rebelión.  Por último, no está demás reflexionar sobre la amenaza fascista y su utilización crasamente cínica, histerizante y oportunista por los defensores del stats quo neoliberal, que son los principales responsables de su auge: eso se llama chantaje – quedaría más elegante decir abiertamente que están dispuestos a patrocinar la reacción más salvaje a fin de salvaguardar sus ganancias.  Frente a este posibilidad muy real, la respuesta no es la conciliación y la entrega, sino la preparación en todos los sentidos de las fuerzas populares anti-capitalistas para repudiar la embestida y avanzar.

En todo caso, si algo demuestra el caso griego, es que los resultados electorales solo son meros reflejos, mediciones anómalas, de los movimientos populares.  La verdadera transformación radical, en Grecia, en Europa y en el mundo, sigue quedando hacia el futuro – y en la calle.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s