Pensar la huelga

Foto: José A. Laguarta Ramírez

Este artículo fue publicado originalmente en 80 grados.

Según la Real Academia, huelga es una “interrupción colectiva de la actividad laboral” y viene del verbo holgar, que a su vez se deriva del latín tardío follicāre (‘soplar, respirar’) y significa “estar ocioso, no trabajar”, pero también “tomar aliento después de una fatiga”. La huelga es un respiro, un espacio de aliento. Por una de esas felices casualidades de la lengua española, huelga tiene un segundo significado, proveniente de la voz celta ŏlga, que significa “terreno de cultivo especialmente fértil”. Partimos, entonces, de la convergencia conceptual de dos etimologías diferenciadas: la huelga como interrupción que permite respirar, la huelga como terreno fértil.

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Contra el fetichismo anti-electoral

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Foto: Internet.

El anti-electoralismo y el anti-partidismo, cuando se convierten en fetiche, son tan problemáticos para la izquierda como cualquier otro absolutismo táctico (el uso o no uso de la “violencia,” por ejemplo). Las izquierdas electorales, tanto como las no electorales y las “no organizadas,” han cometido muchos errores, pero demonizarlas hasta convertirlas en parte del problema es jugarle el juego al chantaje del sistema.

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Trump: “Cancer” or…?

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Donald Trump is cartoonishly evil, to an extent that sometimes blows even my jaded, cynical mind. But he is not a “cancer on American democracy,” as many smart, thoughtful mainstream commentators think, including many of my left-leaning liberal friends whose opinions i value and respect. He is a REFLECTION of U.S. (racialized/gendered capitalist) democracy. The fact that so many white working class people can even conceive of him as an alternative (as opposed to not voting or voting third party) is a reflection on BOTH his main rival, a faithful representative of a neoliberal elite that has so thoroughly alienated working class voters of all genders and ethnicities, AND of how deeply and thoroughly patriarchy and white supremacy are ingrained in white working class consciousness, identity, and culture. To recognize one and not the other is to gloss over the problem at best, to contribute to it at worst. And the dominant electoralist discourse pushed by the Hillary campaign, which demonizes and ostracizes non-voting and third-party voting, certainly makes everything worse.